¿La estrella de Belén un OVNI? ✨🛸👽

A muchas personas les intriga la identidad de los ‘Magos’ de Oriente y la naturaleza del fenómeno conocido por la estrella de Belén. Es un pasaje que se presta a las dudas y a la reflexión».

La de Belén, como puede repasarse en los evangelios, es una estrella que se mueve y que, además, para. No es extraño que una estrella esté aparentemente “parada” en el firmamento, como parecen estarlo las que vemos normalmente, ni tampoco que una estrella se mueva, como es el caso de las estrellas fugaces o de los cometas. Lo que realmente se sale fuera de lo corriente es que una estrella haga ambas cosas: moverse y parar. Y que, además, demuestre ser inteligente: “Y he aquí que la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos, hasta que fue a pararse sobre el sitio en que estaba el niño” (Mateo. 2,9).

“Estaban velando en aquellos contornos unos pastores, y haciendo centinela de noche sobre su rey, cuando de improviso un ángel del Señor apareció junto a ellos, y cerco los con su resplandor una luz divina..” (Lucas 2, 8-9). Sirva esta cita para señalar únicamente la similitud entre la ambientación de una escena y la de las apariciones marianas, y para las conclusiones de esta comparación puedan sacarse cuando el ‘ángel’ anuncia el nacimiento de Belén. Volvamos, pues, a la estrella.

Viasheslav Zaitsev cita la Narración de los tres reyes Magos –apócrifo. Escrito al parecer en latín a mediados del siglo III y traducido más tarde a otras lenguas- en su versión bielorrusa del siglo XV, donde puede leerse que “un día entero ‘sin perturbar el aire’, pendió la estrella sobre el monte Wans” y refiere algunos libros según los cuales Jesucristo salió de esa estrella. “pero la estrella no era como en nuestros países la pintan en las iglesias: tenia alas como las águilas y muchos rayos largos, que la ‘movían en círculo’ cuando descendía al monte Wans”.

En Apogrifos, tomo II, aparece otra leyenda que vuelve a citar la misma forma: “Durante el viaje, que duró trece días, los Magos no tomaron necesidad de ello, y este periodo les pareció que no había durado más que un día (1). Cuando más se acercaban a Belén, más intenso era el brillo de la estrella; ésta tenía la forma de un águila, volando a través de los aires y agitando sus alas”.

En Patr, grecque, tomo X, aparece una leyenda atribuida a Julio Africano, cronógrafo  del siglo III, en que se relata el descenso de una estrella en Persia, que anuncia el nacimiento de Belén, y que guía a los Magos.

Caldicio (2) informa que los caldeos “vieron esta estrella viajando durante la noche”.

En el libro de Set se habla de la “aparición futura de esta estrella” y de que “los Magos glorificaban a Dios en el silencio y en voz baja”. Se dice más adelante que “oraban y alababan a Dios en silencio durante tres días; esto lo hacían durante cada generación, siempre esperando, por si casualmente aparecida esta estrella de dicha durante su generación. Por fin apareció sobre este monte de la Victoria, en forma de un niño pequeño y presentando la figura de una cruz (recordemos nuevamente las apariciones marianas) les habló, les instruyo y les ordenó que emprendieran el camino de Judea”. Singular comportamiento para una estrella. “La estrella les pareció así durante dos años, y ni el plan ni el agua les faltaron jamás en sus viajes”. También en el Éxodo se produce una ayuda semejante con el maná.

En su estudio de la Epístola de los Efesios, capitulo XIX, san Ignacio subraya la “novedad de esa estrella, que hacia que los que la contemplaban se quedaran mudos de estupor”.

Y el teólogo y exegeta Diodoro de tarso, que vivió en el siglo IV, afirma (·) que “esta estrella no era una de esas que pueblan el cielo, sino una cierta virtud o fuerza urano-diurna, que había asumido la forma de un astro”(4)

Otra estrella prometedora nos refiere Varron en las Antiquitates rerum humanarum, en las que refiriéndose a la leyenda de Eneas, dice que “cuando hubo partido de Troya, vió todos los días y durante el día la estrella de Venus, hasta que llegó a los campos Laurentino, donde dejó de verla, lo cual le dio a entender que aquellas eran las tierras señaladas por el Destino”. Está claro que una “estrella” que se ve durante el día y que de repente deja de verse, mal podía ser Venus -¿o es que ya entonces, como en nuestros días, el sufrido lucero del alba cargaba oficialmente con las visiones de O.V.N.I.?

Refiriéndose a la estrella de Belén se pregunta Zaitsev: “¿No contribuiría la interpretación cósmica de la versión del apócrifo la narración de los tres reyes magos, a revelar el misterio?”.

Veamos aun otros pasajes, para volver luego sobre la estrella de Belén.

Las citas de la nube luminosa o de otro objeto luminoso se suceden a lo largo de los textos bíblicos, también acompañando a voces surgidas de las alturas. Pondremos sólo dos ejemplos. En el Evangelio de San Mateo leemos (17, 1): “Seis días después tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte, a un monte algo. Y se transfiguró ante ellos, brilló su rostro como el Sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: Señor, ¡Qué bien estamos aquí¡ Si quieres , haré aquí tres tiendas, una para ti, una para Moisés y otra para Elías. Aún estaba él hablando, cuando los cubrió una nube resplandeciente, y salió de la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle.

Volviendo a los apócrifos, el Evangelio árabe de la Infancia reza, refiriéndose a Jesús, ya cumplidos sus treinta años (LIV): “…el Padre le dio a conocer públicamente a la orilla del Jordán con esta voz bajada del cielo: “este es mi hijo amado, en quien reposo”, estando presente el Espíritu Santo en forma de blanca paloma”.

Pasemos a la columna de luz. En los apócrifos de la infancia, y concretamente en el citado Evangelio árabe de la Infancia, llamado hace poco más que la redacción árabe del mismo, se dice, con referencia a Jesús (VI, 1): “Y cuando su madre, la virgen María, le llevaba gozosa en sus brazos, le vio el anciano Simeón resplandeciente como  una columna de luz.” En la redacción siríaca del mismo apócrifo, identificada años más tarde, se dice que fue María a quien el anciano Simeón vio “como una columna de luz”

Volveremos sobre el tema de la nube y de la columna luminosa en el apartado La Biblia.

La misma redacción siríaca del citado Evangelio de la Infancia, al halar (VII, 1) de la adoración de los Magos, refiere que la noche misma del nacimiento es enviado a Persia un ángel guardián, que se aparece en forma de estrella brillante a los magnates del reino. Entonces tres reyes, guiados por este mismo ángel que había arrebatado a Habacuc (Daniel 14, 33): “Vivía entonces en Judá el profeta Habacuc, el cual, cocida la comida y mojado el pan en la cazuela, se iba al campo para llevarlo a los segadores. 34 Y tomándole el ángel del Señor dijo a Habacuc: Señor, nunca he visto Babilonia en el foso de los leones. 35 Y tomándole el ángel del Señor por l coronilla, por los cabellos de su cabeza, le llevó a Babilonia, encima del foso, con la velocidad del espíritu”…recibió así Daniel la comida. 39Y levantándose, comió, y al instante el ángel de Dios restituyó a Habacuc a su lugar, guiados los tres reyes pues, como decíamos, por este ángel, llegan a Jerusalén, en donde preguntan por  el rey recién nacido. Herodes les somete interrogatorio. Al Salí de su palacio vuelve  a aparecérseles la estrella a los Magos, pero esta vez en forma de columna de fuego. Adoran al niño y durante la noche  del quinto dia de la semana posterior a la natividad, se les aparece de nuevo el ángel que vieron en Persia en forma de estrella, quien les acompaña hasta que llegan a su país

Por último, quiero analizar en este capítulo la explicación final que al fenómeno de la estrella de Belén da Werner Keler en su archifamoso libro Y la Biblia tenía razón. Tras detalladas explicaciones que, analizando lo particular, dejan de lado lo básico, o sea que dando explicaciones muy convincentes para cada problema concreto, se olvidan de la esencia global del fenómeno, Werner Keller concluye que el fenómeno que guió a los Magos hasta el establo de Belén fue la conjunción (ultima de una serie de tres en aquellas fechas) de los planetas Júpiter y Saturno en la constelación de los peces. Y dice:
“En el camino de Hebrón, a unos 7 kilómetros de Jerusalén, se halla situada la aldea de Bet Lahm, el antiguo Belén de Judá. La vieja senda que en su tiempo había sido ya recorrida por Abraham, lleva casi exactamente de Norte a Sur. En su tercera conjunción los planetas Júpiter y Saturno se unieron en tal forma que parecían formar una sola estrella. En el crepúsculo vespertino eran visibles en dirección Sur de manera tal, que los Magos de Oriente, en la ruta que seguían desde Jerusalén a Belén, siempre tenían a la estrella ante sus ojos. La estrella iba, en efecto tal como dice el Evangelio, precediéndoles.

Muy bien. Pero de haber seguido siempre en la dirección que les señalaba la conjunción de Júpiter y Saturno, y por tratarse ésta de un fenómeno extra atmosférico, que por lo tanto, por mucho que avancen los Magos, siempre quedaría situado delante de ellos, de haber seguido en dirección de esta conjunción, repetimos, a donde habrían llegado habría sido a una muerte por inmersión en aguas litorales del mar Rojo.

Pero no. Se paran a escasos kilómetros -7- de Jerusalén. ¿Por qué? Porque no iban en pos de la conjunción de Júpiter-Saturno, sino en pos de un objeto brillante que, que citando literalmente a san Mateo (2,9): “…les precedía, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño”. Este detalle, el de que la “estrella” se paró encima de un lugar determinado, y de que por lo tanto se movía dentro de la atmosfera y por lo viso a no demasiada altura, es lo que Keller omite sin mayor escrúpulo en su análisis. Análisis que, por lo tanto carece de validez. Esto, si nos atenemos únicamente al texto bíblico aceptado por la Iglesia. Porque además nos atenemos a los apócrifos, veremos que esta misma “estrella” descendió, adoptó formas diversas, habló, y hasta volvió a acompañar a los Magos a su país de origen.
Sea como fuere, lo único que podemos afirmar al cabo de casi dos mil años de su aparición, es que la susodicha “estrella” de Belén sigue siendo para nosotros, con todas sus letras, un objeto volante y luminoso no identificado: las crónicas antiguas citadas, así lo atestiguan.

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